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La vitamina C como prevención y tratamiento para el COVID-19

Como ya hemos estado viendo estos días en anteriores artículos, son muchos los bulos que corren por internet sobre tratamientos para el coronavirus, así como suplementación para prevenir el contagio. Uno de los más sonados es el uso de la vitamina C o ácido ascórbico. Para entender por qué es común la creencia de que esta vitamina refuerza nuestro sistema inmune, es necesario revisar un poco la historia de la medicina.

La recomendación del uso de la vitamina C viene de atrás, y el mayor responsable de ésta creencia es Linus Pauling, PhD (1901-1994), el único ganador de dos premios Nobel diferentes, el de química en 1954 y el de la paz en 1962. Aunque su contribución en el desarrollo de las teorías químicas es innegable, sus aportaciones en el campo de la salud nos han dejado creencias por las que aún hay que luchar para desmentir.

En 1970, Pauling publicó Vitamina C y el resfriado común, donde afirmó que tomar 1.000 miligramos (o incluso más) de vitamina C al día reducía la posibilidad de resfriarse en un 45% (la dosis diaria recomendada de vitamina C es de alrededor de 80 mg, muy por debajo de las cantidades que Pauling aconsejaba). En la revisión de 1976 del libro, Vitamina C, el resfriado común y la gripe, recomendó dosis aún mucho más altas, e incluso afirmó que si comenzaban los síntomas de un resfriado, se debían tomar de 500 a 1.000 mg de vitamina C cada hora durante varios días, o de 4 a 10 gramos al día si los síntomas no desaparecían. También llegó a afirmar que megadosis de vitamina C pueden ser eficaces incluso contra el cáncer y ayudar a controlar las enfermedades cardíacas, así como ralentizar el proceso de envejecimiento. Según informes, el propio Pauling tomaba al menos 12.000 mg diarios y aumentaba la cantidad a 40.000 mg cuando presentaba síntomas de resfriado.

La realidad es que Pauling se basó en estudios de la época, ya rechazados por las sociedades médicas de entonces. Estudios que más tarde se han refutado por muchísimos otros que, contrariamente a la información de la que Pauling sacó sus conclusiones, estaban diseñados y realizados de forma correcta. Éstos últimos han demostrado que la suplementación con vitamina C no previene los resfriados (y por tanto, no refuerza las defensas ni es, ni mucho menos, efectivo para no contagiarse de coronavirus) y que, en todo caso, podría reducir muy levemente los síntomas de un resfriado o acortar su duración. Además, en caso de utilizar la vitamina C para esto último, no sería para nada necesario utilizar megadosis.

En cuanto al coronavirus en concreto, ya hemos dejado claro que la suplementación con vitamina C no va a prevenir el contagio. Lo que sí se puede decir es que se ha visto que algunos pacientes con COVID-19 en fases muy desarrolladas están presentando una disminución de sus niveles de esta vitamina debido a la sepsis, una inflamación causada por una respuesta inmunitaria muy alta en consecuencia de su infección por el SARS-CoVid-2. La sepsis puede alterar la circulación sanguínea, produciendo una menor disponibilidad de oxígeno y de nutrientes (como la vitamina C) en los órganos, causando daños que pueden llegar a ser graves, como el síndrome del distrés respiratorio agudo, uno de los desencadenantes más conocidos del coronavirus. Es únicamente en estos casos, cuando el uso de la vitamina C toma sentido para el tratamiento del coronavirus, puesto que mejora los síntomas que le acompañan. Por supuesto, su suministración se da junto con otros tratamientos farmacológicos, como la combinación de azitromicina y hidrocloroquina, cuyos efectos se está viendo que son muy prometedores.

Como conclusiones, las de siempre: hay que buscar la contextualización de todo, no te creas los bulos que corren por redes sociales, toma consejo sobre el coronavirus de fuentes fiables, y si quieres reforzar tu sistema inmunológico, el deporte y la buena alimentación son la clave.

“Vitamin C: Fact Sheet for Health Professionals”. National Institutes of Health. Office of dietary supplements. U.S. Department of Health and Human Services. https://ods.od.nih.gov/factsheets/VitaminC-HealthProfessional/

Pauling, L. Vitamin C, the Common Cold and the Flu. San Francisco. WH Freeman, 1976. Pauling, L. How to Live Longer and Feel Better. Nueva York. WH Freeman, 1986.

Anderson TW et al. Vitamin C and the common cold: a double-blind trial. Canadian Medical Association Journal 107: 503-508, 1972.

Anderson TW et al. The effect on winter illness of large doses of vitamin C. Canadian Medical Association Journal 111:31-36, 1974.

Anderson TW. Large-scale trials of vitamin C. Annals of the New York Academy of Sciences 258:498-504, 1975.

Anderson TW et al. Winter illness and vitamin C: the effect of relatively low doses. Canadian Medical Association Journal 112:823-826, 1975.

Karlowski TR, Chalmers TC et al. Ascorbic acid and the common cold: A prophylactic and therapeutic trial. JAMA 231:1038-1042, 1975.

Hemilä H, Chalker E. Vitamin C for preventing and treating the common cold. Cochrane Database of Systematic Reviews 2013, Issue 1. Art. No.: CD000980. DOI: 10.1002/14651858.CD000980.pub4.

New York hospitals treating coronavirus patients with vitamin C”. New York Post. 24 de marzo de 2020. https://nypost.com/2020/03/24/new-york-hospitals-treating- coronavirus-patients-with-vitamin-c/

Buenas! Mi nombre es Irina (@pmirina en Instagram), soy estudiante de farmacia en la Universidad de Barcelona. Me apasiona la salud, el entrenamiento con pesas y la dermocosmética (y las croquetas, y anacardos). ¡Espero que te haya gustado mi artículo!

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